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meme

Perdona, ¿hablas “meme”? Todo sobre el nuevo lenguaje millenial

Una imagen vale mil palabras, pero un meme no tiene precio.

 

Quería empezar con este inicio tan apoteósico, porque creo que el tema de hoy se lo merece. ¡Yes! Estoy muy emocionada porque hoy voy a hablarte de un tema que me apasiona: LOS MEMES.

 

El fenómeno meme lleva entre nosotros más de una década y se ha convertido en un reflejo del tipo de información que consumimos en esta era: dosificada, cambiante, visual.

 

Pero, ¿de dónde sale esta fascinación humana por los memes? ¿es la memética una necesidad social? ¿es arte? ¿es solo humor en expresión reducida y viralizada? ¿tendremos museos con solo memes?

 

meme

 

Entender los memes es entender un nuevo lenguaje 

 

Los memes conquistan nuestros teléfonos móviles y muros de Facebook, nos alegran las tardes y nos permiten transmitir mensajes sin ni tan solo hablar. Son, en definitiva, parte del lenguaje millenial.

 

 

Pero empecemos desde el principio. La palabra meme viene del griego “mimema” (lo que es imitado), y hace referencia a estilos o comportamientos que se extienden culturalmente entre personas.

 

Este concepto fue acuñado por Richard Dawkins en el libro “El gen egoísta”. Para Dawkins, la relación entre “un gen” y “un meme” es la siguiente: expone que los humanos procesamos información a dos niveles distintos: uno a nivel genético y otra a nivel cerebral (la asimilación cultural).

 

Dawkins afirma que los genes son la unidad mínima que permite la conservación de la especie, mientras que “los memes” son la unidad mínima de información de la transmisión cultural.

 

Es decir, un “meme” es como un “gen” cultural: una pequeña unidad de información que tiene el mismo comportamiento que un grupo de genes: muta, varía y hereda códigos de otros memes, por lo que su modelo evolutivo es siempre sometido a selección social.

 

Las claves de la genética cumplen unas normas que la memética también sigue: hay cosas que terminan transmitiendo y modificando la cultura, y otras que no trascienden. La única diferencia, es que la genética se transmite en vertical (de padres a hijos), y que la memética se expande horizontalmente (se viraliza).

 

El meme, como la genética, puede gustarte o no: pero no tiene en cuenta tu opinión.

 

Trasciende el gusto individual y forma parte del gusto colectivo: ya que perdura sólo si se masifica. El meme se puede viralizar, puede mutar, puede evolucionar y puede morir. Y hasta es posible que vuelva a nacer reconvertido unos meses o años después.

 

Pero, ¿qué es un memes? Es posible que te pienses que un meme es solamente esto:

 

 

Meme

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y no estás equivocado para nada. Esto es un meme, pero hay muchos otros tipos de meme.

 

Un meme no tiene un formato concreto: puede ser una frase, una imagen o un vídeo. También puede ser la foto de un banco de imágenes sacada de contexto, una noticia del periódico, o un comportamiento humano que se ha extendido de persona a persona.

 

Los memes también pueden objetificarse. Por ejemplo, un meme-objeto sería el fidget spinner que inundó los colegios hace un par de años. Y también son memes las canicas, los tazos o el hula hoop. Estos objetos no son simplemente juguetes, son objetos detrás de los cuáles se ha creado todo un imaginario, una historia y unos mensajes que se han viralizado y propagado alrededor del mundo.

 

 

Los memes han evolucionado mucho desde que empezaron a compartirse en los correos electrónicos. Hay tantos memes distintos, que se puede comunicar cualquier sentimiento con el uso de alguno de ellos.

 

Aquí te dejo con algunos de los memes más clásicos:

 

meme clásico

 

 

 

 

 

 

 

 

 

meme clásico

 

 

 

 

 

 

 

 

meme clásico 3

 

 

 

 

 

 

 

 

meme clásico

 

 

 

 

 

 

 

YaoMing meme

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En la última imagen podemos ver a Yao Ming, una de las estrellas del NBA que muchos solo conocen por haberse convertido en un meme durante una entrevista en 2009. Ming reaccionó con esta cara ante una situación complicada, y a partir de entonces se ha usado para ilustrar situaciones comprometidas del día a día.

 

Los memes están en todas partes: ahora más que nunca. Y pocas veces nos paramos a pensar en la importancia que están teniendo a nivel social como forma de lenguaje.

 

Los seres humanos llevamos 3 millones de años en la tierra intentando buscar maneras de transmitir ideas y conceptos entre individuos. Como decía Mihály Csíkszentmihályi “ser humano significa ser creativo”, y la digitalización está permitiendo ver a nivel mundial el nivel de creatividad que hay detrás de ingeniosos creadores anónimos que difunden “memes” por amor al arte.

 

Este mundo hiperconectado nos permite compartir memes entre diferentes culturas (que hablan diferentes idiomas y han evolucionado de forma diferente), y estas culturas son capaces de reconocer expresiones faciales universales como la felicidad, la tristeza o el disgusto. En este mundo digital, los memes permiten la expresión transcultural. E incluso van un paso más allá: proyectan estas emociones en los animales.
Los animales de compañía no tienen contexto (ni color de piel, ni lenguaje, ni nación), por lo que todo el mundo se puede identificar con ellos y sus posibilidades de viralización son más altas.

 

Como modelo comunicativo, los memes están teniendo muchísima relevancia. Siempre bromeo con mis amigos y les digo que los memes son los nuevos refranes del siglo XXI. Y aunque pueda parecer una exageración, creo que la afirmación no es tan descabellada: el meme se ha convertido en una forma de expresión popular que sirve para ilustrar situaciones o sentimientos concretos.

 

El meme, igual que el refrán, se viraliza, y permite transmitir un concepto sin que el emisor tenga que hablar del concepto de forma literal. Además, igual que el refrán, permite transmitir un estado de ánimo o un pensamiento sin tener que verbalizarlo. Los memes son “comodines sociales”.

 

 

Imagínate la imagen anterior con el texto “yo intentando superar el lunes”.

 

La combinación de texto e imagen provoca el nacimiento de un meme que está diciendo, de forma no textual, “que el lunes es horrible y que no lo soportas”.

 

Otra de las características formales del meme es que el consumidor de “memes” ha aceptado que su estética sea, precisamente, “la estética de la antiestética”. El meme siempre ha sido feo, tosco, mal editado… y esta fealdad se ha convertido en una de las características propias del formato.

 

En el meme, el concepto y el ingenio son más relevantes que la belleza. De hecho, un meme muy bello y bien diseñado, no tendría las referencias propias del meme común y nos causaría un choque.

 

La tipografía y composición que el meme sigue utilizando es propia de formatos de edición básicos y noventeros: las letras blancas superpuestas a la imagen sin ser integradas armónicamente, o la poca concordancia entre los distintos colores son definitorias del propio meme, y se mantienen porque forman parte de su carácter, de su esencia.

 

la estética del meme

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Otra cosa que me parece fascinante de los memes es su falta de autoría. Nadie es dueño de los memes, y este concepto de ausencia de autor también está muy vinculado a la nueva era digital.

 

Está claro que internet, y todas las posibilidades que ofrece como canal de difusión, son el caldo de cultivo ideal para que un contenido se difunda de forma tan rápida y en tanta cantidad (se difunden constantemente millones de contenidos) que sea muy difícil identificar cuál es el origen autoral.

 

Ha habido muchos debates acerca de la propiedad intelectual de las imágenes utilizadas para construir memes. Pero no te preocupes, que los memes no se van a prohibir (como mínimo de momento).

 

¿Por qué? El artículo 39 de la Ley de Propiedad Intelectual española dice que “no será considerada transformación que exija consentimiento del autor la parodia de la obra divulgada, mientras no implique riesgo de confusión con la misma”.

 

Pues esto, que los memes son parodias o transformaciones performáticas, y por lo tanto no exigen del consentimiento del autor original. ¡Viva!

 

El fenómeno meme, su variedad y su oferta, está muy vinculado a la forma actual de consumir información en la red: leemos un artículo, se viraliza, desaparece. Nadie recuerda al autor.

 

Los memes contribuyen de forma nada desdeñable a nuestra configuración mental: los hemos incorporado a nuestro lenguaje de una forma tan natural que no nos extraña para nada que un meme se haga famosísimo en cuestión de horas y que se olvide en cuatro días.

 

El hecho de que los memes no tengan un autor propio hace que sean mucho más digeribles y procesables por el usuario. Cuando el usuario consume un contenido autoral, los lectores inevitablemente proyectarán el trabajo consumido en la personalidad del autor. El anonimato de los memes, sin embargo, crea una ambiente de transparencia donde somos dueños de los defectos o absurdidades transmitidas por el meme. Al no tener autor, nos proyectamos a nosotros mismos y a nuestras experiencias en los personajes de ficción y nos convertimos en el personaje del meme.

 

meme

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esta forma de lenguaje está teniendo un grado de influencia tal, que ya se han empezado a estudiar en ciertas universidades, y está claro que en un futuro próximo los memes formarán parte de estudios académicos relevantes. Del mismo modo que los historiadores estudian los inicios de la propaganda o las canciones populares de folk, también estudiarán el “meme” como nueva forma de lenguaje adaptada a nuestra era.

 

Espero, sinceramente, que los autores anónimos de memes sigan difundiendo contenido inteligente, perspicaz, humorístico, de forma totalmente altruista. Porque creo que esta creación desinteresada es beneficiosa para muchos receptores.

 

Hoy le he comentado a un amigo que estaba redactando un artículo sobre memes, y le he dicho que expusiera lo que pensara sobre el tema. Su respuesta simplemente ha sido “los memes hacen que mi vida sea menos dura”. Y supongo que ver que el resto de la humanidad crea memes que reflejan tus mismos problemas, tus mismos sentimientos y tus mismas emociones, hace que te sientas un poco menos solo en el mundo.

 

Sí, me he puesto intensita, sorry. Pero os lo compenso con esto

 

meme intenso

laura@oinkmygod.com

Laura Amanda tiene un nombre telenovelesco, hace yoga y stalkea a todo el mundo, sobretodo a las novias de los ex de las amigas.

2 Comments
  • Mariam Vanela Benitez Haupt
    noviembre 16, 2018 at 12:56 am

    Me encantó el análisis, creo que algo que amo de los memes es que toca cuestiones cotidianas, con un toque de picardía único, nos une en el arte de “reirnos de nosotros mismos” (porque sí, para mí saber reirse de uno mismo es un arte que refleja inteligencia). Abrazo cerdil.

    • OinkMyGod
      noviembre 16, 2018 at 8:27 am

      ¡Hola Mariam! Mil gracias por escribirnos. Totalmente de acuerdo, creo que tu puntualización es súper acertada. 😉 Reírte con un meme es reírte un poco de ti mismo, y es algo que todos deberíamos hacer un par de veces por semana como mínimo. Te mando un abrazo gigante y espero leerte más a menudo por aquí. Un besote

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